La calle habló, ahora falta decisión: la CGT ante el desafío de endurecer el plan de lucha
La movilización de hoy de la CGT a la Plaza del Congreso volvió a demostrar que el movimiento obrero sigue siendo una de las pocas herramientas reales de resistencia frente al ajuste brutal que impulsa el gobierno de Javier Milei. Miles de trabajadores y trabajadoras se volcaron a la calle para expresar su rechazo a la reforma laboral, al desguace del Estado y a un modelo económico que avanza sin miramientos sobre derechos conquistados durante décadas de lucha.
El gobierno libertario no muestra señales de retroceder. Por el contrario, acelera. La reforma laboral, los despidos, la caída del salario real y el ataque sistemático a las organizaciones sindicales forman parte de una estrategia clara: debilitar al movimiento obrero para imponer un modelo de exclusión. Frente a ese escenario, muchos trabajadores se preguntan si una marcha aislada es suficiente o si llegó el momento de endurecer las medidas de fuerza.
Desde las bases sindicales crece el reclamo por un paro general activo, con continuidad, que vaya más allá del gesto testimonial. La experiencia histórica del movimiento obrero argentino demuestra que cuando hubo decisión política y unidad en la acción, las reformas regresivas se frenaron. Hoy, esa determinación vuelve a ser una demanda concreta de los trabajadores.
La ausencia de una oposición política firme deja al sindicalismo en un rol central. En un contexto donde muchos dirigentes miran para otro lado o especulan, la CGT tiene la responsabilidad histórica de estar a la altura del momento. No alcanza con expresar preocupación ni con ocupar la calle de manera esporádica: hace falta una conducción que marque un rumbo claro y confronte de manera directa con el modelo de ajuste.
La movilización de hoy fue un paso importante, pero también un llamado de atención. El mensaje que surge desde abajo es claro: si el gobierno endurece el ajuste, el movimiento obrero debe endurecer la respuesta. La historia no espera, y los derechos tampoco se defienden con tibieza.