¿Por qué Milei podría volver a ganar?
A más de dos años de gestión, el fenómeno Javier Milei sigue desafiando los análisis tradicionales de la política argentina.
Una de las claves está en el orden. La eliminación de los cortes de calles y rutas, una demanda histórica de amplios sectores sociales, generó una sensación concreta de normalidad. Para muchos ciudadanos, poder circular, trabajar y vivir sin interrupciones constantes fue interpretado como una mejora inmediata en la calidad de vida, aun cuando otros indicadores económicos no acompañen.
Otro factor central es la estabilidad. Aunque frágil y discutible, Milei logró instalar la idea de que “lo peor ya pasó” y que el ajuste —brutal para muchos— sería el precio a pagar para evitar un colapso mayor. En una sociedad agotada por décadas de crisis, inflación y parches, ese discurso caló hondo.
La pregunta inevitable es por qué la gente banca a un presidente que avanza contra fuentes laborales, desregula sectores enteros y debilita al Estado. La respuesta no está solo en Milei, sino también en lo que vino antes. El gobierno anterior dejó falencias profundas: inflación descontrolada, pérdida de poder adquisitivo, desorden macroeconómico y una deuda social que el peronismo aún no logra saldar con la sociedad.
Para muchos votantes, Milei no es necesariamente la solución, sino el castigo. El respaldo que conserva no siempre es adhesión ideológica, sino comparación: “esto duele, pero lo anterior también dolía y no ofrecía horizonte”. En ese balance emocional y político, el actual presidente sigue encontrando margen.
El desafío para la oposición —y especialmente para el peronismo— no pasa solo por señalar los daños del modelo libertario, que son reales y visibles, sino por hacerse cargo de la deuda propia: explicar por qué no se resolvieron problemas estructurales cuando se tuvo la oportunidad y qué propuesta distinta y creíble se ofrece hoy.
Si Milei puede volver a ganar no es solo por lo que hace, sino por lo que el sistema político tradicional no supo o no pudo hacer. Mientras esa autocrítica no sea profunda y sincera, el fenómeno libertario seguirá teniendo terreno fértil en una sociedad cansada, enojada y desconfiada.
Por: Guillermo Cantatore