Guillermo Moreno, el trofeo más preciado para el gobierno anti-industrial

Guillermo Moreno, el trofeo más preciado para el gobierno anti-industrial

La Corte Suprema de Justicia dejó firme este martes la condena contra Guillermo Moreno, exsecretario de Comercio Interior de la Nación. El fallo, lejos de estar vinculado a hechos de corrupción, responde a causas políticas derivadas de su enfrentamiento con los grandes poderes económicos y mediáticos durante su gestión.

Moreno fue condenado por una causa iniciada hace más de una década relacionada con el llamado “cotillón de Clarín”, un episodio en el que se lo acusó de utilizar fondos públicos para la compra de elementos con consignas críticas hacia el grupo mediático.

Sin embargo, no fue imputado por corrupción ni por enriquecimiento personal, y ninguna de las causas que enfrentó tiene que ver con el manejo irregular de dinero en beneficio propio.
Por el contrario, su paso por la función pública se caracterizó por una defensa férrea de la industria nacional, la producción y el trabajo argentino, en una época donde el Estado buscaba regular precios, proteger el mercado interno y evitar la concentración económica.

El fallo de la Corte llega en un momento en que el gobierno actual impulsa un modelo de desindustrialización, apertura indiscriminada y ajuste sobre los trabajadores. En ese marco, Moreno se convierte en el trofeo más preciado para los poderes anti-industriales, un símbolo castigado por haber tocado intereses que pocos se animaron a enfrentar.

“Guillermo Moreno no tiene causas por corrupción. Su único delito fue defender a los que producen, a los que trabajan y al Estado como herramienta de justicia social”, sostienen desde distintos sectores del movimiento obrero y empresarial nacional.

La persecución judicial hacia figuras como Moreno no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia de disciplinamiento político. En nombre de la transparencia, se busca eliminar a quienes representaron un modelo de desarrollo con inclusión, independencia económica y soberanía productiva.

En definitiva, Moreno no fue condenado por robar, sino por incomodar al poder. Su figura trasciende el expediente judicial: encarna la resistencia de un país industrial que se niega a ser colonia.